Retinografía

Para que los oftalmólogos puedan realizar correctamente el reconocimiento del ojo de todos sus pacientes, es necesaria la venta de equipo óptico profesional y en las mejores condiciones posibles, únicamente así se podrán realizar los tratamientos recomendados en cada situación. 

La retinografía es una prueba con la que se puede ver en el interior del ojo y comprobar el estado de la retina del paciente, útil a la hora de detectar enfermedades. 


¿Qué es? 

La retinografía es la prueba y el resultado con el que se pueden obtener fotos en color de la retina de cada usuario. Es necesario contar con equipos especializados, que sean capaces de tomar fotografías digitales en alta calidad para reducir al mínimo los errores humanos. 

Mediante esta prueba, es posible que las fotografías puedan ser enviadas a un lugar determinado para reducir los tiempos de espera en la obtención de resultados. De este modo, los médicos pueden analizar la situación sin tener que desplazarse. 


¿Cuáles son sus usos? 

Uno de los más utilizados es la posibilidad de detectar enfermedades que se encuentren en la retina. Como se obtienen fotografías mediante la prueba de la retina, y debido a la calidad de estas imágenes, el profesional altamente cualificado podrá detectar los síntomas que son causantes de enfermedades y/o que afectan a la retina. 

Entre las mayores ventajas de la retinografía, es que es posible identificar cualquier tipo de anomalía que afecte a la retina en su forma más inicial, permitiendo que el modo de acción sea más rápido y se reduzca el riesgo de sufrir una enfermedad o una molestia que sea derivada a este tratamiento. 

Algunas de las enfermedades que más se detectan mediante la retinografía, son las siguientes: 

  • Retinopatía diabética 
  • Retinopatía hipertensiva 
  • Degeneración macular asociada a la edad 
  • Retinosis pigmentaria 

¿Cómo es la prueba? 

El punto fuerte de la retinografía es que la prueba no es extremadamente compleja, de hecho, se realiza con mucha facilidad y sin ningún tipo de molestia para el paciente. Lo único que hay que hacer es inmovilizar la cabeza y permanecer sentado mientras se toman las fotografías de ambos ojos. En ningún momento existe contacto con el ojo al realizar esta prueba. 

La única pega que se le puede poner a esta prueba, es que es necesario que las pupilas sean dilatadas antes de realizar la prueba. Para conseguirlo, se aplican unas gotas en el ojo del paciente y se espera unos minutos hasta que hagan efecto. 

Este proceso también es totalmente indoloro. El problema principal es que el paciente tendrá las pupilas dilatadas durante algunas horas después de haber terminado la prueba, por lo que es una buena opción que un familiar y/o un amigo te acompañe durante la misma.